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Alimentación

EL SOBREPESO COMO DEFENSA: EL CUERPO ENTERO

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En algunas personas la grasa no se nos acumula en partes localizadas como las caderas o el abdomen, a veces la grasa de reparte uniformemente por todo el cuerpo, utilizando el sobrepeso como defensa, pero haciéndonos perder nuestras curvas y convirtiendo nuestro cuerpo en un cuerpo sin forma, únicamente con kilos de más.

En casos así nuestro cuerpo está intentando esconder nuestras formas, nuestra belleza. Lo que quiere es que los demás no nos vean deseables porque nuestro inconsciente piensa que ser deseable nos traerá problemas o dolor.

Ocurre, por ejemplo, en personas víctimas de agresiones sexuales. Su cuerpo decide que si engorda y deja de ser deseable sexualmente nadie volverá a intentar agredirla.

También puede ocurrir con personas que tenían madres dominantes o que consideraban que ella no les prestaban suficiente atención en la infancia (independientemente de si esto era cierto o no). Estos niños faltos de atención comían más con el objetivo de llamar la atención sobre su madre, para que ella se preocupara más por ellos y de esta forma monopolizar su atención de una forma o de otra: bien cocinándoles y dándoles de comer o bien preocupándose por su sobrepeso e intentando ayudarles a evitarlo.

Otro caso de personas que engordan uniformemente es el de las personas que establecen su prioridad en el ahorro, en no gastar ni un euro. Son las personas que no invierten, únicamente acumulan. La obesidad en este caso podría ser un síntoma de esta disposición, del miedo a que falte. Como un seguro a todo riesgo en el que la grasa es el “seguro”.

En este tipo de casos es tan importante corregir la alimentación y los hábitos personales como nuestra forma de vernos, por lo que las dietas más adecuadas no son las dietas relámpago, sino las dietas a medio y largo plazo, modificando poco a poco cada uno de los aspectos que nos han llevado a engordar.

Como primer paso intenta averiguar qué te ha llevado a ese sobrepeso. Analízate con amor y no te juzgues con dureza. Se trata únicamente de averiguar qué ha pasado, no de buscar ningún culpable.

Cuando hayas encontrado la causa piensa si esa causa ya no existe o si todavía está vigente, si todavía continúa en ti el miedo que te ha llevado a acumular todo esos kilos.

Es muy importante que te trates con amor y comprensión. No servirá de nada que te analices y te encuentres culpable de tu situación, porque intentarás castigarte y no podrás deshacerte del sobrepeso. Tampoco servirá que encuentres un culpable externo y decidas que eres la víctima, porque tu grasa se quedará para protegerte.

Encuentra la causa, entiéndela, asúmela y decide si ya no necesitas protegerte más de ella. Tal vez ya no necesites protegerte más de ella porque ya ha caducado, tal vez el motivo sea que en su día estuvieras equivocado, que creyeras que las cosas eran de una manera y hoy ves que realmente no era así, tal vez ya no debas protegerte de ese miedo comiendo porque ahora tienes otras herramientas para protegerte.

Decide si ya es tiempo de que te veas hermosa o guapo. De que disfrutes de ser sexy y de que te ames y te amen.

Si necesitas ayuda con esta fase te recomendamos acudir a un especialista que te guíe y te haga el camino más fácil. Recuerda, trátate con amor, pedir ayuda está bien. No necesitas castigarte ni flagelarte y hacerlo todo solo.

El segundo paso es analizar tu alimentación. ¿Comes demasiadas calorías? ¿Comes demasiada comida basura? ¿Comes demasiada cantidad?

Empieza corrigiendo poco a poco, de forma poco exigente, los hábitos que te hacen ganar peso o que te impiden perderlo.

Aquí tienes unos trucos que te ayudarán:

  • Para empezar el tamaño sí importa. Comemos más con los ojos de lo que en realidad nuestro cuerpo necesita por lo que empieza haciéndote platos más pequeños y no te obligues a terminar con toda la comida. Cuando estés bien párate. Sin más.
  • Bebe en vaso alto. De esta forma visualmente el volumen será el mismo, pero realmente lo estarás reduciendo entre un 25 y un 30%. Naturalmente haz esto únicamente si bebes refrescos, zumos o vino. Si bebes agua puedes beber toda la que quieras.
  • Bebe más agua. Sobre todo entre comidas. Intenta beber agua cuando empieces a tener hambre para darle a tu cuerpo sensación de saciedad y retrasar el hambre.
  • Come 5 veces al día cosas sin calorías: yogures desnatados, manzanas, zanahorias, batidos detox… De esta forma evitarás llegar a las comidas hambriento y comerás menos.
  • Bebe té verde: Beber té verde también ayuda a perder peso sin dietas. Algunos estudios sugieren que puede acelerar la quema de calorías, posiblemente a través de la acción de los fitoquímicos llamados catequinas.
  • Añade más verduras en tus platos: Sírvete tres verduras con las cenas, en lugar de sólo una. Comer más frutas y verduras es una  manera estupenda de perder peso. Tienen un alto contenido de fibra y  agua que te sacian con menos calorías. Cocínalas  sin grasa añadida. Aliña tus verduras con zumo de limón y hierbas en lugar de aceite. Si incluyes más verdura en tu alimentación diaria, así como alimentos fermentados como el yogur, o los probióticos, mejoras el proceso digestivo. En muchas ocasiones, cuando se tiene una digestión pesada, se suele producir un aumento de las hormonas que producen inflamación en nuestros órganos, con lo que el cuerpo responde almacenando grasa.
  • Elimina la bollería y los dulces lo máximo posible. Sabías que este paso tenía que llegar. Intenta eliminarlos completamente pero si no eres capaz o echas de menos comer cosas dulces intenta sustituirlos por chocolate negro o por postres hechos con estevia o xilitol.

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