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Conciencia Corporal

NUEVO TRATAMIENTO PARA EL DOLOR CRÓNICO

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El dolor es una sensación provocada por el sistema nervioso, pero hay mucha diferencia si hablamos de dolor agudo o de dolor crónico.

Generalmente un dolor agudo es la forma que nuestro cuerpo tiene para llamar nuestra atención frente a un problema que necesita atención inmediata: un corte, un esguince o una quemadura. El objetivo del dolor es alertarnos de la existencia de una lesión y facilitar la puesta en marcha de los mecanismos de reparación. El componente emocional no suele desempeñar un papel importante y, salvo excepciones, no se debe a factores psicopatológicos o ambientales.

En el dolor crónico las señales son diferentes. La sensación de dolor se prolonga en el tiempo, a veces incluso durante años.

El dolor crónico es aquel que persiste y es desproporcionado al proceso que lo origina, no evolucionando la curación.

El inicio puede estar en cualquier tipo de lesión o de infección sufrida, pero en lugar de desaparecer al poco tiempo cuando el cuerpo se sana la sensación perdura hasta llegar a condicionar el día a día de los afectados.

El dolor crónico no tiene cura, aunque sí hay tratamientos que, a largo plazo, generalmente dejan de funcionar.

El motivo es que el cerebro de los enfermos que sufren dolor crónico se convierte en “adicto” al dolor, por eso a pesar de los analgésicos que se le suministre a medio y largo plazo ninguno es suficiente.

Se estima que en España 1 de cada 6 personas sufre de dolor crónico. En Europa se estima que esta cifra asciende a 1 de cada 5.

Este dolor afecta directamente en muchos aspectos de la vida diaria no solo disminuyendo la calidad de vida del enfermo, al repercutir negativamente en su salud física, sino que también le impide participar plenamente de la vida social y familiar, o trabajar de manera productiva, por lo que también le afecta de forma emocional y económica.

Según una encuesta europea la mitad de los pacientes con dolor crónico están cansados todo el tiempo y el 40% se sienten indefensos o incapaces de pensar o funcionar con normalidad.

 

Lo más grave es que, en la mayoría de los casos, es muy difícil de diagnosticar  y se tarda, de media, más de 2 años en conseguir un diagnóstico definitivo (cuando se consigue), a pesar de que se considera crónico un dolor que persiste un mes más allá de la duración de la enfermedad aguda que lo ha provocado.

Estudios recientes sobre el dolor crónico publicados en la revista “Nature Neuroscience” revelan que el dolor crónico reestructura la parte del cerebro que controla si te sientes feliz o triste. “Al entender qué es lo que causa estos cambios hemos capaces de diseñar una terapia correctiva que ha funcionado muy bien en los sujetos de experimentación. La cuestión ahora es si funcionará o no en humanos”, cuenta el Dr. James Surmeier, jefe de Fisiología en la Escuela Feinberg de Medicina de la Universidad del Noroeste en EEUU y autor del estudio.

“El estudio muestra que se puede pensar en el dolor crónico como una adicción del cerebro”, indica A. Vania Apkarian, también autor y profesor de Fisiología en la Universidad. “Las conexiones del cerebro que tienen que ver con las adicciones entran a formar parte del proceso de dolor en sí mismo”

El estudio muestra que un grupo de neuronas identificadas como responsables de las emociones negativas se vuelven hiper-excitables y se conectan más profundamente con otras regiones del cerebro relacionadas con la sensación de malestar de los días posteriores a sufrir una lesión, desencadenando el comportamiento de dolor crónico.

Cuando los científicos administraron los antiinflamatorios no esteroideos y el L-dopa, que aumentan los niveles de dopamina, los cambios en el cerebro producidos por las neuronas responsables del dolor se revertieron y los animales dejaron de mostrar signos de dolor crónico.

Según Apkarian “estos resultados establecen que el dolor crónico no es únicamente un fenómeno sensorial sino que está íntimamente relacionado con las emociones”.

Además, los científicos de la Universidad del Noroeste han tratado también ratas que experimentaban dolor crónico con otras drogas utilizadas para el Parkinson, que activan los receptores de dopamina, imitando el efecto de la dopamina. Esta droga también ha disminuido la sensación de dolor de los animales.

“Es muy llamativo que cambiando la actividad de un único tipo de célula en una área emocional del cerebro podamos prevenir el dolor”, indica Marco Martina, también coautor del estudio.

Actualmente al tratamiento más común para el dolor crónico son los medicamentos antiinflamatorios no esteroidales, que tiene efectos limitados.

Los estudios sugieren que complementar los antiinflamatorios con una medicación que active los niveles de recepción de dopamina o lo mismos niveles de dopamina puede ser mucho más efectivo tratando el dolor crónico y/o previniendo la transición a dolor crónico.

 

4 Comments

  1. Oña Gomez

    Oña Gomez

    16/01/2016 at 10:50

  2. Pamela Rodriguez

    Pamela Rodriguez

    23/01/2016 at 17:37

    De La Torre Montserrat

  3. Iris de Teran

    31/03/2016 at 01:25

    Interesante para mi caso fe dolir a veces crónico aunque no tomo nada para evitarlos.

  4. Iris Rodriguez de Teran

    31/03/2016 at 01:27

    Interesante para pacientes con fibromialgia

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