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La energía sanadora de los perros

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El perro es el símbolo del amor incondicional, la generosidad, la lealtad.

Si hay algo que nos han enseñado nuestros compañeros caninos, a lo largo de los miles de años que compartimos camino, es a ser conscientes del vínculo que nos une a ellos y a todas las criaturas de este maravilloso planeta. Esta interconexión entre ellos y nosotros ha sido muy importante para la evolución y el desarrollo de nuestra especie.

El perro es el lobo domesticado. En toda la Humanidad, en la época prehistórica de cualquier lugar del mundo, el hombre domesticó al lobo, le dio de comer, y le dio cobijo en su cueva, y se hicieron amigos inseparables, y así desde el neolítico es que el perro ha sido, es y seguirá siendo el mejor amigo del hombre en cualquier confín de la tierra.
Aunque al principio, esta relación se forjó como una utilidad (ellos hacían trabajos como pastoreo o caza, entre otros), poco a poco las civilizaciones más despiertas pudieron percibir la enorme ayuda que nos podían ofrecer en otros campos.

Civilizaciones como la egipcia, griega, celta y muchas otras les rindieron tributo siendo conocedores de su grandioso poder. Eran considerados Maestros y Sanadores, al igual que el gato.

Buscamos el contacto con los perros, nos sentimos bien cuando los acariciamos, obtenemos beneficios fisiológicos, nos reduce la presión arterial, liberamos endorfinas, relajamos nuestros músculos y otros múltiples beneficios, ¿pero acaso nos hemos olvidado de su poder para hacernos conscientes de nuestros estados emocionales y de nuestro estado energético?

Claramente ellos no se han olvidado, nos lo recuerdan a diario. Es más, sufren nuestros estados emocionales, ya que los cronificamos en ellos, y les proyectamos nuestras más primarias emociones: miedo, enfado, alegría, etc.

Actúan como enormes espejos que nos ponen delante nuestro para ayudarnos a crecer a nivel emocional. Para poder hacer eso, absorben estas emociones, las viven, las padecen. Son sabios gestores emocionales, saben que todas las emociones son importantes, interesantes y que se deben sentir a su momento. Las aceptan sin más, simplemente sienten, aceptan y viven. Los seres humanos amplificamos a través de la mente nuestras emociones y las enlazamos con nuestra vida; ellos no, ellos las viven en el momento, breve y plenamente.

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Ahí nos están dando una gran clave para poder gestionar nuestras propias emociones. La aceptación, el perdón, el no juzgar, el sentir sin miedo son claves muy interesantes que llevan muchos años enseñándonos, o al menos intentándolo.

En la vida hay quienes sobreviven y quienes viven. Muchas personas van por la vida sin sentirse unidas a nada ni a nadie y, lo más importante, sin sentirse unidas a sí mismas. Nos vamos desligando de nuestras raíces y transcurrimos nuestra vida sin sentir la energía que nos da tener los pies bien puestos sobre nuestra Madre Tierra. Cuando estamos inmersos en esa espiral de apegos, de ansia de futuro, de melancolía de pasado, de ego, de incomunicación con los demás y con nosotros mismos, nuestras emociones toman las riendas de nuestra vida y, con nuestra mente al mando, todo va mecanizado sin que nuestra esencia, aquello que realmente somos, pueda surgir.

Estando inmersos en esa “supervivencia”, nuestro compañero animal intenta decirnos algo. Cada vez hay más estrés en nuestros perros, cada vez hay mas problemas de conducta, cada vez los perros y animales que nos rodean enferman más a menudo y con más gravedad, padecen enfermedades típicamente humanas. ¿Qué nos están queriendo decir?

Todos aquellos que somos afortunados por co-existir con un animal, deberíamos hacernos esa pregunta: ¿qué me quiere decir mi perro? ¿Cuánto de mí hay en mi perro? ¿Qué cosas que hace son las que más detesto y más me cuesta tolerar? Ellos nos muestran el camino, nos dan indicios de por dónde ir, qué herramientas serán necesarias para ese camino, y nos dan todo el amor incondicional para que no nos falte la energía necesaria para recorrerlo; son nuestro apoyo, nuestros maestros y, a la vez, nuestros sanadores a través del amor.

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Simbología del Perro

El perro es el símbolo del amor incondicional, la generosidad, la lealtad. Tener un perro es tener el símbolo viviente de la amistad, ser sociable, generoso, comunicativo y leal hacia los demás.

El perro es amigable, juguetón, leal, noble, cariñoso, con un amor tan inmenso hacia el ser humano a cambio de nada. El perro es pura comunicación. Ladra para hacerse entender y es un experto en el lenguaje si lo sabemos escuchar y discernir en sus ladridos. Sabe poner emociones en su lenguaje y en su mirada, sabe cómo utilizar los gestos hacia el ser humano para hacerse entender. El perro ha aprendido a lo largo de tantos siglos a entender más al ser humano, mucho más que lo que el ser humano se ha esforzado en entenderle a él.

El perro en sus ladridos es capaz de expresar ternura, el estado de sus crías, enfado, bondad. Los perros hablan, sólo que no les entendemos aún. En otros tiempos, los druidas, magos o hechiceros utilizaban a los perros como oráculos, les hacían preguntas, y el perro respondía en un lenguaje que ellos estudiaban y traducían, pero eso se perdió en la antigüedad.

El simbolismo del perro es la fidelidad, la lealtad, la ayuda desinteresada, la inteligencia, la obediencia, la protección, el apego a la comunidad y a la familia, la solidaridad, la cooperación, la inventiva, la comunicación, la sociabilidad, la percepción sensorial y la generosidad.

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El tema de la comunicación y percepción sensorial se hace mayor cuando nos asomamos a las historias y descubrimos que el significado y el simbolismo del perro está conectado a los reinos metafísicos. El perro ha sido considerado como un enlace entre las dimensiones física y psíquica. Ya los antiguos egipcios, griegos, romanos, celtas consideraron al perro como guardián sagrado de los otros mundos – niveles más sutiles fuera de nuestra percepción mundana.

De su conexión con los mundos no físicos viene que los perros son símbolos a veces de la muerte, lo cual es una errónea conexión. Los perros son los guardianes de los dominios psíquicos, e incluso pueden servir como guías espirituales en los viajes espirituales. También es cierto que son tan sensibles a estas percepciones no físicas que el perro es capaz de detectar cuando la muerte está cercana en un hogar, y además su comportamiento espontáneo, generoso y comunicativo le delata al ver esta circunstancia y ello ha hecho que también se les asocie como los anunciadores de la muerte, nada más lejos de la realidad. Los perros sólo ven con antelación lo que es inevitable y natural, y acabaremos viendo todos.

También se dice, que el perro es capaz de detectar el estado de salud del ser humano, su estado físico y anímico, y que incluso se lo hace saber con sus gestos, ladridos, para que se cuide, o para consolarle, pues su sentido del amor, lealtad y generosidad es enorme. Muchos amos de perros deberían estar bien atentos en este aspecto, pues el perro ya fue oráculo en otros tiempos, como se ha dicho.

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